domingo, 19 de agosto de 2012

***Soy Chapín***

***Soy Chapín***
Ser Chapín es tener esa bendición,
que se guarda como tesoro en el corazón.
de haber nacido en esa bendita tierra.

Tierra de encantó y belleza,
tierra donde la naturaleza,
tiene esa exuberante belleza.

Soy Chapín no por elección
sino por privilegio y bendición,
y si volviera a nacer…

Sin dudarlo escogería volver
a nacer allí…
Allí donde los Mayas encontraron su hogar.

Allí donde el Quetzal es símbolo de libertad,
donde la Monja blanca tiembla de emoción,
cuando escucha la voz de una marimba.

Soy Chapín y no lo digo por hacer alarde,
lo digo con amor y nobleza,
que es mi mayor herencia.

Lo digo con conciencia,
pues no basta con decir que se es Chapín,
hay que demostrarlo con acciones.
Oxwell L’bu Copyright ©2012
foto: regalo de mi amigo Jhon Garcia

martes, 29 de mayo de 2012

***Los Hallistas***

***Los Hallistas***
Quien busca una excusa,
para claudicar…
Quien solo justifica,
lo que no puede lograr,
no merece el uniforme portar.

Porque un Hallista tiene
la determinación de un león,
... el coraje de un jaguar,
ya que en su cuerpo
corre la misma sabia ,
que corrió en las venas
de Kaibil Balan y Tekun Uman.

Los Hallistas honran a su bandera,
aman a la patria que los vio nacer
y la suelen enaltecer en su que
hacer diario…
Ya que los Hallistas
son los herederos del legado,
del sargento Adolfo V. Hall.
Oxwell L’bu Copyright ©2012

miércoles, 29 de febrero de 2012

***Mística Hallista***

***Mística Hallista***
Un Hallista no es aun
un paracaidista,
pero ha aprendido a besar
el suelo que lo vio nacer.
...
Sabe que su tierra es algo
más que una hermosa bandera,
ondeando al viento y que
representa nuestra unidad.

Se sabe hombre de maíz,
que busca en sus ancestros.
el ejemplo y directriz,
que guíen sus actos.

Es fibrudo y ha aprendido frente
a las dificultades a no claudicar
y a resurgir de entre las cenizas,
con la dignidad de una ceiba.

Sabe que el birrete no es un adorno,
es el símbolo del caballero que
lo porta con honor…
Y le recuerda su más grande amor.

Es consciente que el peso de
las charreteras no lo constituye,
las barras que porta si no el peso
de las tradiciones y amores que representa.

El Hallista sabe que su porte lo ha
de distinguir…
No porque quiera presumir,
sino porque esta mística lo ha transformado.

Porque ahora tiene las agallas
de un soldado…
Pero también las maneras
y modales de un caballero.

Sabe que esa mística corre por sus venas…
No por el uniforme que porta,
si no porque todo aquello,
se ha alojado en su corazón.
Oxwell L’bu Copyright ©2012

miércoles, 28 de diciembre de 2011

***GuateMaya Tierra De Ensueño***

***GuateMaya Tierra De Ensueño***
Sin saber si estoy
despierto o dormido,
me veo en el paraíso
perdido…
...
En un lugar donde
el creador beso la tierra,
construyendo allí
su casa.

Poniendo por techo,
el inmenso cielo azul,
que luego tapizo de estrellas
y le puso su luna de Xelaju.

Pinto sus paredes con paisajes
de colores de primavera,
puso espejos en el piso para
que se reflejara la naturaleza
de tanta belleza…

Puso volcanes como centinelas
de sus majestuosos jardín
y cercas de montañas que
lucen imponentes en su valles.

Al son de una marimba,
ambiento su lugar de descansó,
aromatizo ese remansó de cielo,
con aromas de flores y café.

Contemplando la belleza
de la casa que construyo,
quiso darle el calor de
un hogar…

Convoco a las aves del cielo,
a los peces de los mares y ríos
y a las criaturas más hermosas
para que hicieran allí su aposento.

Con una sonrisa de alegría y contento,
creo a los hombres de maíz,
les puso por esencia amor a la tierra
y nobleza en el corazón.

Les develo los misterios del universo,
les enseño a escribir en verso
y los lleno de inspiración…
Poniendo en su canto una nueva canción.

Para que cada paisaje fuera un verso,
para que cada día fuera una canción,
para que su vida fuera un mar de poesía.
Oxwell L’bu Copyright ©2011
Fotografía: Mann Pellecer
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viernes, 25 de noviembre de 2011

"A Escuadra"




“A Escuadra”

(Relato de esos Viajes en el Bus del Hall)

En aquel recorrido, que en nada se parecía a un paseo dominical, pero en el cual  se podía aprender desde tácticas para evadirse, como conquistar a la chiquilla de tus sueños, como lograr el mejor lustre de las botas, hasta como amar a una mujer…



El bus del Hall, pasaba muy de madrugada, justo antes de que el sol se levantara, antes de que el gallo cantara o que la mayoría de gente interrumpiera sus sueños para despertar. Entre la penumbra de las calles, apenas iluminadas por la luz de los postes, se veía a los caballeros alumnos, formados en plena acera, con el uniforma perfectamente planchado y enyuquillado, las botas relucientes y los botones y hebilla resplandeciendo en la obscuridad, así como a uno que otro demente que pensaba, que estaba en el cuartel y no en un plantel educativo. En medio de aquellas calles vacías de repente se veían las luces de aquel bus amarillo, el cual de forma presurosa abordaban, primero los más antiguos, luego los nuevos. Una vez en el bus, los más antiguos, así como los galonistas se sentaban en el lugar de costumbre, los nuevos donde se podía, pero a escuadra, lo cual implicaba sentarse sin tocar el respaldo a solo tres dedos de la orilla del asiento, sacando el pecho y de forma erguida.  Pero la mayoría de veces viajaban  el recorrido en culiche o debajo de los asientos.  Viajar en el bus, era toda una odisea, donde las bromas, mescladas con los que “aplicaban antigüedad” no faltaban. No faltaban aquellos a los que les gustaba desde buena mañana hostigar, pero los había  también aquellos de buen humor y de ocurrencias sin fin.  De la misma forma estaban aquellos que con sus historias impregnadas de realidades, mescladas con ficción, hablaban de las cosas del corazón y de esas pasiones, que alteraban las hormonas de aquellos que aun siendo niños, en el cuerpo les despertaban grandes batallas, ya que el tema recurrente por excelencia era sobre las mujeres.  Las exageraciones nunca faltaban, ni quien fabricara historias que ni él se creía, pero en la mente todo aquello quedaba revoloteando.  



Ya que era allí, donde los nuevos (aun niños) escuchaban por primera vez sobre temas, que muchas veces se tocaban como tabús o simplemente no se hablaban, aprendieron del amor y sus penas cuando alguien hablaba de sus decepciones, así como también esas historias cargadas de exageraciones emotivas y de las experiencias vividas en esas “Casitas de los Sueños”  de la luz roja, donde lo mismo pagaba por un momento de placer, un recluta, un sargento o un coronel porque allí no era un cuartel.



No faltaban también los bromistas, que caían como paracaidistas con alguna ocurrencia que provocaba carcajadas de a montón o el bohemio y enamorado que ponía a cantar en coro a los nuevos, alguna canción, que le llegaba al corazón.  Muchas de aquellas conversaciones de los más antiguos (y por consiguiente con más edad)  los nuevos muchas veces no las entendían del todo, pero llegaría el día en que todo aquel caudal, encontraría su cauce. Aun que todo aquello, hoy no sean más que recuerdos  de una época que no volverá, todos eso constituyen parte de ese tesoro, que todos guardan en el baúl de los recuerdos.



Oxwell L’bu Copyright © 2011

Imagen: Hugo Letona 

miércoles, 14 de septiembre de 2011

De Etiqueta: En Celeste Y Negro”

De Etiqueta: En Celeste Y Negro”
(Desfile del 15 de Septiembre)

Para aquellos que iban dejando en el camino, una niñez que aun no extrañaban, la emoción de verse investidos en aquel traje de etiqueta celeste y negro, la ilusión de marchar gallardamente en las calles de su “Tasita de Plata” les hacia superar cualquier obstáculo, primordialmente sus propias flaquezas y debilidades…

... Para poder portar aquel uniforme, no bastaba con querer…Porque el uniforme se porta con gallardía, honor y dignidad. Cosas que no son fruto del deseo, si no del sacrificio, la abnegación y la constancia. Después de meses de ensayar, de lograr por fin dominar el peso de un fusil que superaba en muchos de los casos las fuerzas de aquellos niños con aspiraciones de hombres, que a fuerza de voluntad y tesón aprendieron a poner alma y corazón en los retos que se les plantaban por delante. Si los arcos (pasarelas) que están a lo largo de la calle principal donde está el instituto, hablaran…Ya que como testigos mudos, vieron como aquellos niños se transformaron en hombres, en esa simbiosis que aun que parece pasar de la noche a la mañana, lleva un proceso del que se toma conciencia, cuando han pasado los años.

Era el fusil M1 ya en desuso, que fue el empleado por el ejército norteamericano, durante la segunda guerra mundial. Todos los días se veía al batallón de caballeros alumnos del instituto Adolfo V. Hall central, salir en perfecta formación, marchando con gallardía, en uniforme de fatiga, rumbo al aeropuerto nacional la aurora, en la llamada “Vuelta al tigre” que no pocas veces completaban al paso ligero con fusil arriba…Para quien miraba desde afuera, le era difícil comprender que fuerza movía a estos niños y adolecentes, que fortaleza se escondía en ellos para no dejarse vencer e ir mas allá de lo que físicamente podían…Que motivación había dentro de estos patojos donde moraba un espíritu de hombres que no claudicaba, que les empujaba a ser dignos, pero también estoicos.

Llegadas las fechas, ya los caballeros alumnos tenían listo el uniforme, el cual estaba perfectamente limpio y planchado; la guerrera con los botones brillantes, el cuello y puños en un blanco impecable y enyuquillado, las insignias brillantes, el chapetón y la hebilla puro espejo, los pantalones con un quiebre fielmente delineado, el ros con las partes de charol limpias y brillantes, el pompón nítido y por supuesto los botines brillantes como si fueran de charol. Dado que en estas fechas se celebraban varios actos, en diferentes lugares de la capital, se asignaban a pelotones o compañías para que fueran en representación del instituto y así se les veía rindiendo honores en el monumento a los próceres, el 14 a las seis de la tarde rindiendo honores frente al palacio nacional, en el congreso de la republica en fin. Eran días de mucha actividad, donde todos aquellos ensayos y preparación pagaban con creses. Cuando si suponía un verdadero problema, para los caballeros alumnos, era si llovía, el día previo al desfile (lo cual era común) pues sin secadora de ropa, tenían que secar el uniforme a pura plancha y tenerlo impecable nuevamente, para el día siguiente.

El 15 de septiembre se levantaban muy temprano, los buses pasaban cuando aún estaba obscuro. Se les veía salir de sus casa con ese ilusión y felicidad de pertenecer al batallón de caballeros alumnos y más de alguna admiradora secreta, detrás de la cortina de la ventana los miraba y suspiraba…

Ya en el instituto, se llamaba a formación y se realizaba la revista, luego se pasaba a recoger el fusil y la bayoneta en la armería. Luego se formaba por compañías y se dirigían a los buses, que los conducirían al centro de la ciudad. El desfile era de carácter cívico-militar, es decir participaban militares y civiles; para los establecimientos civiles el desfile solía durar varias horas dado que desfilaban en un orden preestablecido por los organizadores y muchas veces les tocaba esperar por horas su turno. Este no era el caso del Hall pues desfilaban detrás de la Escuela Politécnica. Ya para cuando los cadetes iniciaban el desfile, las calles principales del centro capitalino estaba abarrotado. En filas, pero en descanso, los caballeros alumnos buscaban entre la multitud a sus familiares, a la novia o simplemente se echaban un taco de ojo con las chicas tan bonitas que se acercaban a verlos, aquello duraba solo un instante porque enseguida el comandante de batallón, daba órdenes por medio del corneta y se ordenaba “por la derecha” “alinear” “atención, firmes”
Al hombro armas, atención marchen y el desfile empezaba al compas de los redoblantes y la banda de guerra. Los papas como podían se coloban entre la gente para pasar a la primera fila y tomarle una foto a sus hijos. Con paso marcial avanzaban rumbo a palacio nacional, al pasar frente al balcón presidencia, se ordenaba “Tercien armas” y se entonaba el Himno del Instituto…”Con lealtad, oh patria os saludamos, con el símbolo blanco y azul…” Lo cual hacia que se les erizara la piel y que un amor a su patria resplandeciera en sus rostros.


Oxwell L’bu Copyright © 2011
Foto: Hugo Letona R & Juan Francisco Solorzano G.

miércoles, 29 de junio de 2011

"Aventuras en Bicicleta"

“Aventuras en Bicicleta”
(Memorias del Corazón)

Los planes que mejor se ejecutan, son aquellos que no se planifican…Hay ocasiones en la vida, que ni planeándolas, hubieran salido como fueron, es como si el destino, las personas y la vida se hubieran confabulado a favor para crear esos momentos inolvidables que se convierten en las mas ... inefables memorias del corazón.

Por aquellos años el tener una pelota autentica de futbol #5 de cuero, era el sueño de cualquier patojo y el llegar a tener una bicicleta casi una quimera… Pero la imaginación y la capacidad de compartir eran sus mayores posesiones, porque de que valen mil juguetes para el que juega en soledad. En esos días se pusieron de moda las llamadas “Bicicletas Californianas” cuyo diseño permitía llevar a un o una tripulante, para compartir el paseo, además de sus colores sicodélicos con pringuitas de plateados que brillaban a la luz del sol, su timón estilizado cual si fuera motocicleta y la posibilidad de poder cambiar velocidades, todo un sueño, todo un lujo que pocos podían costear.

Los patojos empezaban a ver con qué velocidad, su contra parte las mujeres empezaban a crecer, mientras ellos poco a poco empezaban a dejar los pantalonchingos cortos. Muchos se tuvieron que conformar con ver las mentadas bicicletas, pero a otros sus padres con mucho esfuerzo lograban agenciarse de una para sus hijos, eso si la bicicleta debía de ser compartida por todos los hermanos. Y así se miraban en las calles de la colonia hasta tres patojos en una misma bicicleta, felices, gozando a carcajadas. Algunos se iban a baranquear en bicicleta, bajando a toda velocidad y subiendo con ella a cuestas, otros buscaban las carreteras mas empinada, como la del Instituto, para luego dejarse ir a toda velocidad cual si fueran “el Coyote tras el Correcaminos” más de uno, se quebró la cara al caer de bruces de la bicicleta. No pocas veces se pinchaban las llantas o se les torcía el timón, se le zafaba la cadena en fin, allí se miraba a los patojos lavando la mentada bicicleta, sacándole brillo, ajustándola…


Andar en bicicleta era toda una alegría, algo así como lo que sienten los adultos cuando se ven en su primer carro, aun que no sea nuevo. Pero todo eso cobra otra dimensión, cuando llevas atrás del sillón a una princesa… Cuya belleza ha cautivado tu corazón, nublando la razón. En las calles se veía a los chicos taloneando a las doncellas, esperando a que salieran del colegio o que fueran al mandado. Y mejor aun ,cuando ambos se iban de capiusa (Faltaban al colegio) y aquellas bicicletas se trasformaban en la alfombra de Aladino en esos paseos a lugares tan sencillos pero llenos de encanto donde el banquete era una agua (soda) compartida y unos Tortix o unos mangos verdes con sal, limón y pepita… El sentir las manos de la doncella aferradas a tu pecho, escuchar su voz y sentir su aliento o ese grito de emoción cuando la bicicleta cobra velocidad, mientras el viento les besa el rostro o cuando hay que frenar aprovechar para robarle un beso húmedo y travieso…

Quizás hoy alguno de aquellos patojos se pasea en limosina o avión, pero esos besos sabor a limón compartiendo una bicicleta californiana tienen esa magia de hacerles remontar el vuelo de regreso a esos días cuando creían que la luna era de queso y que exponían discursos de amor en un pedazo de papel y el mas exquisito pastel era aquel que compartían con la niña de sus sueños… Hoy muchas andarán en carro con una tripulante diferente, pero cuando miran una californiana los invaden todos esos recueros, de sus aventuras en bicicleta.
Oxwell L’bu