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viernes, 13 de mayo de 2011

***Los Sueños del Hallista***


***Los Sueños del Hallista***

Cuando es nuevo y en plena niñez…
Da sus primeros pasos con cierta timidez,
sintiendo la emoción y la embriaguez,
del que sueña con orgullo lucir
el birrete y las charreteras.

Cuando es neutro…
Se siente asolado entre esa línea remitente,
que le hace dar mil vueltas a la mente,
mirándose en ese traje de etiqueta celeste y negro,
que visten con gallardía hasta el último día…

Cuando se es antiguo…
Sin darse cuenta se ha ido una niñez
que aun no se extraña…
Mientras en las charreteras se van
sumando barras.

Cuando se abraza el bachillerato…
Te haces consiente que eres garante
de un legado que otros Hallistas te han dejado.

Cuando se está por graduarse…
Ante las ansias por coronar tus esfuerzos,
no te das cuenta que lo que vas dejando,
será lo que mañana estarás añorando.

Cuando ha pasado el tiempo…
Y miras una fotografía…
Se te dibuja una sonrisa en el rostro
y sin advertirlo los ojos se humedecen,
porque tu paso por el Hall a dejado,
una huella en ti vida que aun las
olas del tiempo no consiguen borrar.

Porque es parte de tu historia y tus memorias,
en ese despertar de la niñez a la pubertad,
cuando buscando tu identidad advertiste,
que no es meta, es camino…

Oxwell L’bu

lunes, 9 de mayo de 2011

“¡A Tierra…Firmes!”


“¡A Tierra…Firmes!”
(A Sudar el Uniforme)


Sin insignias, birrete y charreteras, a los de nuevo ingreso les decían  ¡Grama…Aun no han sudado, el uniforme! , no se lo han ganado,  así que, flanco derecho, pasó ligero, marchen y así en el recreo, a la hora del almuerzo y principalmente durante las primeras horas de la tarde luego de acabadas las clases académicas, se les veía correr a los aspirantes, a lo largo y ancho de los dos patios principales del instituto y cuando paraban era, solo para escuchar, esas palabras con las que algunos incluso en sueños, llegaban a escuchar, ¡A tierra…Firmes!


Las exigencias académicas y físicas, además de la instrucción militar aumentaban  día a día, por lo que para algunos resultaba insoportable y como se decía en el argot militar: Pedían su baja, es decir se retiraban del instituto y se iban a estudiar a otro establecimiento, entre compañeros nadie los criticaba, pues cada uno enfrentaba su propio reto, pero aquello de alguna forma mermaba la moral de los aspirantes. Los píricos, las dominadas, los saltos de paracaidista, los a tierra-firmes, así como  el paso ligero (correr) pasaron a ser parte de la rutina diaria de los reclutas, que poco a poco se iban familiarizando con las costumbres y argot militar.


Todos los días a primera hora durante, la primera formación en el patio principal del instituto, se pasaba revista de la presentación  e higiene tanto de los aspirantes, como del resto del batallón de caballeros alumnos.  Se supervisaba que las botas estuvieran bien lustradas en su totalidad, que el uniforme estuviera enyuquillado  y perfectamente planchado, que la hebilla del cinturón estuviera pulida, manos, uñas y dientes limpios, en fin que se hubiera realizado la higiene personal, a los que no cumplían se les reportaba, con lo cual se hacían acreedores a horas de arresto, dependiendo de la o las faltas en la revista. Luego de esto se hacia el conteo, para ver las ausencias y los que llegaban tarde, sin importar el motivo eran separados del resto con el respectivo reporte.  Luego  manteniendo la formación y marchando se enviaba al batallón a sus aulas.


Para un nuevo (un aspirante) eran las mejores horas, pues aun que a los catedráticos, se les daba el grado asimilado de capitán, en realidad eran maestros civiles, cuyo  enfoque principal era la formación académica y cultural de sus alumnos, aun que no faltaban los que se tomaban el grado militar en serio.  En cuanto a los catedráticos había para todos los gustos, jóvenes, ya mayores, ex alumnos del  instituto (graduados de maestros en la universidad) y hasta un gringo Mr. Lukens.  Dentro de las aulas también había encargados, que aun que no tenían un grado, pues eran compañeros de clase, eran los que tomaban los reportes dados por los galonistas y catedráticos, durante los primeros meses usualmente, en el caso de los aspirantes, era un repitente, es decir uno de la promoción entrante del año  anterior que se había quedado repitiendo  el primer grado.  Aquí cabe destacar que las exigencias académicas establecerían  que el máximo de cursos que un alumno puede  no aprobar a fin del ciclo escolar  sin causar baja es de tres cursos y solo hay una oportunidad de retomar el examen y de no aprobarse la única posibilidad de continuar en el instituto es repitiendo y aun que pareciera inverosímil hay alumnos que repitieron por cursos como educación musical, artes plásticas pues en el instituto todas las clases tiene el mismo  peso, incluso las clases de instrucción militar así como las clases deportivas.


Lo peor que podía pasar durante los horas de clases, para los aspirantes, era que un catedrático se ausentara, pues cuando esto ocurría los más antiguos lo aprovechaban  para fastidiarle la vida a los nuevos o bien llegaba el galonista encargo y los sacaba a correr o el período de clase se convertía en el famoso baño turco, que consistía, en cerrar tantos las puertas como las ventanas del aula y poner a los aspirantes a ejercitarse (hacer castigo) hasta que los vidrios de las ventana se empañaran como si estuvieran sudando, debido al calor generado.  Durante el recreo los más antiguos lo aprovechaban, para comprar alguna golosina en la tienda, platicar en fin, pero para los aspirantes era otra historia, pues se les ponía a correr o a ejercitarse.


A la hora del almuerzo, muchas veces apenas les daba tiempo a los aspirantes de meterse un bocado a la boca, pues se les llamaba a formación y se les ponía a correr.  Durante las primeras horas de la tarde, se recibían las llamadas clases militares, las cuales eran impartidas por un oficial instructor, en este caso era el subteniente Leche Marroquín y el teniendo Silva Cáceres,  ambos eran buena gente pero eso si estrictos.  Luego de las clases militares seguían las clases deportivas, que para los nuevos era hacer chispe (actividad física como correr y los famosos atierra-firmes).  Ya para esta hora aquellos aspirantes aun niños daban muestras de cansancio tanto físico, como mental.  Luego  de las clases físicas, se realizaban las prácticas para el aniversario del instituto, que consistían en marchas.


Y así todos los días, se sudaba el uniforme, aquí no valían las recomendaciones, ni quienes fueran los progenitores del aspirante, ni con quien estuviera emparentado, como se decía: Reclutas aquí su mejor recomendación son ustedes mismos… A demás sin  importar donde se vivía o las posibilidades económicas, todos eran iguales y la única forma de destacar era por esfuerzo propio.  Todo aquello hacia que creciera en los aspirantes una especie de camarería, de hermandad, donde  se unían las voluntades para un mismo fin.  También era una forma de ir formando el carácter  del aspirante, enseñándole a trabajar en equipo, a no darse por vencido ante los obstáculos y limitaciones o como se decía “Mantener siempre la moral en alto”
Oxwell L’bu
Foto: Juan Solorzano Gracia

martes, 3 de mayo de 2011

Himno del Instituto Adolfo V. Hall


Himno del Instituto Adolfo V. Hall

Con lealtad oh patria os saludamos,
con el símbolo blanco y azul
demostramos que siempre te amamos,
defendiendo tu cielo de azul.

Los Clarines sus toques han dado, los
hallistas irán a luchar sus maestros lección
les han dado la que tienen hoy que demostrar.


CORO

¡Oh! Nuestro máximo estandarte,
porque siempre te alumbre buen sol
yo mi vida quisiera ofrendarte
instituto de Adolfo V. Hall.

Nos dejaste de herencia dos cosas
que se encuentran en el corazón,
dos palabras tan bellas y hermosas
que son dueñas de toda razón.

Del honor nacen fuerza y valores,
de la ciencia nació el saber,
por tu amor entre tantos amores
por honor te sabrán defender.

CORO

¡Oh! Nuestro máximo estandarte,
porque siempre te alumbre buen sol
yo mi vida quisiera ofrendarte
instituto de Adolfo V. Hall.

Den su salva quinientos cañones,
que desgarren sus rayos al sol,
ya el viento que entone sus sones
y que cante para Adolfo Hall.

Despertad, despertad que te aclaman
que tu honor ya comienza a crecer,
militares que formas y te aman
por ti siempre tendrán que vencer.


CORO
¡Oh! Nuestro máximo estandarte,
porque siempre te alumbre buen sol
yo mi vida quisiera ofrendarte
instituto de Adolfo V. Hall.


Letra y Música: Felipe Gracia Salas

lunes, 2 de mayo de 2011

***Adolfo V. Hall Ramirez***


***Adolfo V. Hall Ramirez***

Aun con la adolescencia a flor de piel
y con la impaciencia cuando llama un ideal,
caballeroso y fiel respondiste al llamado,
de una patria a la que amor y lealtad
con el corazón en la mano le habías jurado.

Cadete de su tierra enamorado para el que su
bandera es un estandarte que inspira y emociona,
bandera que ondea perdiéndose entre el cielo
blanco y azul donde alza su vuelo el Quetzal.

El crisol de una estrella marco tu camino,
el honor y el amor sellaron tu destino
y sin dudarlo emprendiste la lucha
en el campo donde se enfrentan
los ideales con los deseos…

Cuando la patria llamo fuiste el primero
que puso la mano sobre el arado y sin voltear,
te lanzaste a la conquista de ideales mayores
esos que solo los grandes pueden soñar.

Porque vale más una vida vivida con propósito
que una eternidad gastada en la comodidad,
que es fruto del temor y las dudas…

No fue Chalchuapa tu tumba si no el
altar donde aun brilla la llama del
eterno ideal…
Porque naciste hijo de Guatemala,
mas quisiste morir Centroamericano.

Porque no es posible que pueblos hermanos
enfrenten sus retos en solitario…
Si son como los dedos de una mano que
alzan su vuelo cual si fueran una paloma
que prodiga tiempos de hermandad y paz.

No ha sido estéril tu sacrificio porque
en estas tierras aun arde esa llama,
por eso cuando invocamos tu nombre,
decimos: Sargento Primero de caballeros
cadetes  Adolfo V. Hall Ramírez,
¡Presente! Con el mismo ideal en el
corazón y en la mente.

Oxwell L’bu
Imagen: Internet 

domingo, 1 de mayo de 2011

“Sin Insignias”


“Sin Insignias”

(Crónica de un Recluta)

El ambiente navideño, aun se podía respirar en las calles, el olor a pólvora y uno que otro cohetillo tronando por aquí y por allá… Los suaves vientos de enero parecían anunciar el inicio de aquel nuevo año  de1979, que traía para las aspirantes nuevas vivencias y experiencias, que sin ellos saberlo se grabaría en su mente y corazón…

¡Enero esta a la vuelta de la esquina! Cuantas veces  lo escucharon, pero diciembre tiene esa magia de envolver el alma y arrullar el corazón, principalmente  la de los patojos, que entre juegos, tradiciones y cohetillos se la pasan  inolvidable… Pero finalmente enero llego y con él, el día de las inscripciones, (para aquel selecto grupo  de  aspirantes a caballeros alumnos, que obtuvieron las mejores notas en el examen de admisión)  que resulto para algunos un día doloroso, dado que le decían adiós a un fiel compañero que estuvo con ellos desde que nacieron, su cabello, del cual quedaría apenas un copete, donde meses después se acomodaría el birrete. Uno a uno entraron los aspirantes, con sus diferentes estilos de peinado, unos con el pelo a un lado, otros al estilo Travolta… Se sentaban en la silla del barbero y en menos de lo que dura un aguacero, perdían la cabellara y con ella le decían adiós sin pretenderlo a una niñez que años después extrañarían.

Solo el corte de pelo, era ya una distinción entre sus amigos, lo cual no pocas veces era motivo de bromas y comentarios entre los amigos del barrio. No faltaba quien les dijera que no aguantarían ni un mes o que acaso sobrevivirían solo aquel año.  Dichos comentarios tenían una base que en poco tiempo comprobarían.  A la semana  siguiente, aquel primer día empezó de madrugada, antes que el sol se asomara, transportándose  por sus propios medios o el transporte público  de su casa al instituto.  Uno a uno fueron llegando  los aspirantes y allí los esperaban los que estarían a cargo  de los nuevos reclutas, entre oficiales y galonistas.  Todo aquello resultaría  en una novedad para aquellos niños, para los cuales, los uniformes, la disciplina militar, las jerarquías (la antigüedad, los grados) y el nuevo lenguaje que se usa en las filas castrenses les era desconocido.

Para todo aquello no hubo un preámbulo, ni una inmersión gradual, pues desde el primer momento  la emersión a aquel nuevo mundo  para los aspirantes fue total.  Dadas las siete en punto de la mañana, un sargento se paro en medio de del patio principal y llamo a formación a los galonistas, para darles instrucciones mientras los aspirantes veían impresionados  la rapidez y la disciplina. Luego de aquello  los galonistas rompieron filas y ordenaron a los reclutas por secciones (de lo cual ya los aspirantes tenían conocimiento pues al momento de inscribirse les fue asignada la sección a la que pertenecerían) que iban de la A a la F.  Cada una de ellas tenía un cabo que estaría a cargo, los cuales mostraban cara de pocos amigos.  Los aspirantes aun vestidos de civil  empezaron a recibir  las primeras instrucciones y las palabras de bienvenida por el oficial a cargo de los nuevos reclutas, el subteniente de infantería  Gerardo Ángel Francisco Leche Marroquín.

En aquella primera semana la exigencia física no se hizo esperar, así como el empezarse a familiarizar con aquel nuevo leguaje  y costumbres, de la misma forma  recibieron sus uniformes y botas, que en la mayoría de los casos le s quedaban grandes, dado que aun tenían el tamaño y la talla de niños. Dichos uniformes tuvieron que ser  en algunos casos desarmados completamente  y construidos nuevamente para que les tallaran y a las botas ponerles algodón en la punta, para que no les quedaran tan flojas.  Toda aquella primera semana, fue de instrucciones, sin recibir clases académicas y sin la presencia del batallón de caballeros alumnos en su totalidad.

A la semana siguiente, se presentaron los aspirantes, portando el uniforme verde olivo, gorra y botas, solamente con los gafetes  que identificada el nombre de pila y la institución a la que pertenecían (Hall Central)  y ninguna insignia puesta en el uniforme.  Desde un inicio se les concientizo acerca de la dignidad con la que se debe portar el uniforme y no es cuestión únicamente de portarlo, si no portarlo con honor y gallardía.

Oxwell L’bu
Foto: Hugo Letona R.