viernes, 17 de abril de 2020

Son como cadetes...

Los tulipanes son como cadetes...
Alineados y formados,
erguidos y orgullosos,
soportando los embates del clima;
son como cadetes,
esperando ser investido
con el bonete,
que es la flor
que corona sus esfuerzos
y ese estoicismo,
con que han soportado
el invierno.
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jueves, 16 de abril de 2020

“Allí donde nadie llega”

“Donde otros no llegan”
Allí dónde están los olvidados, los marginados, allí donde nadie quiere llegar, ellos llevan por delante la esperanza y entre las manos un trozo de pan...

Hay quienes solo critican, son los mismos que buscan el pelo en la sopa y si no lo encuentran, no dudan en arrancase uno y ponerlo, para tener de que quejarse. Hay otros en cambio, que crean soluciones, que buscan los medios y ponen la mano en el arado.

No lo hacen porque sea su obligación, sino porque servir es su vocación, son los que predican con el ejemplo y por lo mismo, muchas veces son víctimas de  la llamada opinión pública, que nunca hace nada, sólo da opiniones desde su comodidad.

Estos hombres y mujeres, en cambio van en busca del desprotegido, del olvidado, para brindar una ayuda, que nadie mas da, una esperanza de la que muchos hablan y pocos comparten, una fe de la que muchos predican, pero no traducen en acciones.
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Foto:Luis Salazar
#cuarentena
#pandemia
#coronavirus

martes, 7 de abril de 2020

“A escuadra”

“A Escuadra”
(Relato de esos Viajes en el Bus del Hall)
En aquel recorrido, que en nada se parecía a un paseo dominical, pero en el cual  se podía aprender desde tácticas para evadirse, como conquistar a la chiquilla de tus sueños, como lograr el mejor lustre de las botas, hasta como amar a una mujer…

El bus del Hall, pasaba muy de madrugada, justo antes de que el sol se levantara, antes de que el gallo cantara o que la mayoría de gente interrumpiera sus sueños para despertar. Entre la penumbra de las calles, apenas iluminadas por la luz de los postes, se veía a los caballeros alumnos, formados en plena acera, con el uniforma perfectamente planchado y enyuquillado, las botas relucientes y los botones y hebilla resplandeciendo en la obscuridad, así como a uno que otro demente que pensaba, que estaba en el cuartel y no en un plantel educativo. En medio de aquellas calles vacías de repente se veían las luces de aquel bus amarillo, el cual de forma presurosa abordaban, primero los más antiguos, luego los nuevos. Una vez en el bus, los más antiguos, así como los galonistas se sentaban en el lugar de costumbre, los nuevos donde se podía, pero a escuadra, lo cual implicaba sentarse sin tocar el respaldo a solo tres dedos de la orilla del asiento, sacando el pecho y de forma erguida.  Pero la mayoría de veces viajaban  el recorrido en culiche o debajo de los asientos.  Viajar en el bus, era toda una odisea, donde las bromas, mescladas con los que “aplicaban antigüedad” no faltaban. No faltaban aquellos a los que les gustaba desde buena mañana hostigar, pero los había  también aquellos de buen humor y de ocurrencias sin fin.  De la misma forma estaban aquellos que con sus historias impregnadas de realidades, mescladas con ficción, hablaban de las cosas del corazón y de esas pasiones, que alteraban las hormonas de aquellos que aun siendo niños, en el cuerpo les despertaban grandes batallas, ya que el tema recurrente por excelencia era sobre las mujeres.  Las exageraciones nunca faltaban, ni quien fabricara historias que ni él se creía, pero en la mente todo aquello quedaba revoloteando.

Ya que era allí, donde los nuevos (aun niños) escuchaban por primera vez sobre temas, que muchas veces se tocaban como tabús o simplemente no se hablaban, aprendieron del amor y sus penas cuando alguien hablaba de sus decepciones, así como también esas historias cargadas de exageraciones emotivas y de las experiencias vividas en esas “Casitas de los Sueños”  de la luz roja, donde lo mismo pagaba por un momento de placer, un recluta, un sargento o un coronel porque allí no era un cuartel.

No faltaban también los bromistas, que caían como paracaidistas con alguna ocurrencia que provocaba carcajadas de a montón o el bohemio y enamorado que ponía a cantar en coro a los nuevos, alguna canción, que le llegaba al corazón.  Muchas de aquellas conversaciones de los más antiguos (y por consiguiente con más edad)  los nuevos muchas veces no las entendían del todo, pero llegaría el día en que todo aquel caudal, encontraría su cauce. Aun que todo aquello, hoy no sean más que recuerdos  de una época que no volverá, todos eso constituyen parte de ese tesoro, que todos guardan en el baúl de los recuerdos.
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lunes, 30 de marzo de 2020

“Salvador Zea Ruano”


“Salvador Zea Ruano”
(5 de febrero 1915- 23 de marzo 1982)
El Capitan Zea Ruano, no necesitaba, tarjeta de presentación, un hombre culto y educado, por demás.

Oriundo de Chiquimula, pertenece a una familia de singulares guatemaltecos, que le han aportado al país, tanto culturalmente, como artísticamente. Hermano de un gran crítico literario, tío del recordado narrador de béisbol y locutor Abdom Rodríguez Zea y familiar de la cantante Tanya Zea (segundo lugar en el festival iberoamericano de la canción OTI 1974).

Daba la clase de idioma español y literatura, sus clases eran magistrales, eran toda una disertación literaria y cultural, se emocionaba cuando evocaba a Miguel Ángel Asturias y al parecer tenía cierta amistad con el escritor Luis Cardozo y Aragon(Nombre que tres ganadores del premio Nobel citaron al recibir el galardón).

De vez en vez, el capitan Zea Ruano se quedaba dormido a media clase, razón por la cual le llamaban “El Leon dormido” además de dar clases, colaboraba estrechamente, con la desaparecida revista “Anales hallista” que solía publicarse año con año, el último ejemplar se publicó para las bodas de plata del instituto. Además era un entusiasta de la poesía y motivaba a los caballeros alumnos, a escribir composiciones, para el día de la madre, el Día del padre y la independencia. Por su forma de dar la clase, el inspiró a muchos a leer, a los grandes de la literatura, pues decía que un hombre instruido jamás en los laberintos, de la vida se ha perdido...
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domingo, 29 de marzo de 2020

“Ramiro Iriarte Echeverría”

“Ramiro Iriarte Echeverría”
Nuestros catedráticos e instructores, nos dejaron lecciones de vida y recuerdos, que vivirán con nosotros.

 Quien no recuerda al capitán Iriarte, en el salón de clase, gritando a todo pulmón, un cabo, un cabo o de pérdida un sargento, porque estos reclutas, no entienden, puros de costa parecen...

El Capitán asimilado  Ramiro Iriarte  Echeverría, quien también era conocido como “El Fantasma” en su faceta de luchador profesional, daba el curso de estudios sociales, tenía su particular forma de ser, así como sus dichos y diretes, como su famosos: “Puro de costa parecen, estos reclutas”, “Te voy a mandar a dar la vuelta, no al Hall si no a Chiquirichapa”,  “Chirichicapense de corazón y me amarro el pantalón.” Y como le apasionaban los deportes, hacia ya algún tiempo se le había ocurrido hacer una especie de mini olimpiadas en el instituto, lo cual encontró eco y respuesta en las autoridades, del instituto, así como en el batallón de caballeros alumnos.

El Capitan Iriarte, era todo un personaje, usualmente no seguía los libros de texto pues decía, esos los pueden leer mientras se están durmiendo; le gustaba hablar de su recién historia de luchador, pero sobre todo de su amor por Guatemala. Siempre nos animaba a dar lo mejor y a ser protagonista y escribir la historia.
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lunes, 9 de marzo de 2020

“Ser hallista...”

“Ser hallista...”
Nosotros no somos ex alumnos, porque ser hallista es para siempre. Cuando ingresamos nacimos a una nueva mística, fuimos moldeados en la fragua de ese crisol de voluntades, de donde nacen esos amores, a la tierra de la eterna primavera.

Porque el hallista, no pasó por el Hall, como quien va a una excursión, ya que entre filas nos nació esa vocación de servir a la patria, de querer ser mejor, para que nuestro desempeño sea una ofrenda de amor.

Lo que se aprende bien, jamás se olvida, permanece a lo largo de la vida. Porque somos caballeros y también guerreros si la vida nos lo exige. Nuestra gallardía, no es altanería, ni se confunda nuestra prudencia con cobardía.

Ser hallista, lo vivimos día a día, dentro y fuera del aula, dentro o fuera del plantel, porque el uniforme no fue un disfraz, fue la investidura que portamos con honor.

Algunos abrazaron la carrera de las armas, otros siguieron su vocación y escogieron una diferente profesión, pero el espíritu es el mismo, pues como civiles o militares, mantenemos en alto esos ideales.

Por eso no somos ex alumnos, pues el día en que rompimos filas, quedamos a disposición, si nos llama nuestra nación. Hallistas por siempre.
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Foto: capitán Rodolfo Muñoz

domingo, 1 de marzo de 2020

“Una familia hallista”

“Una familia hallista”
Entre filas nos hermanamos y si a eso le sumamos, el compartir la misma madre y padre, eso, es llevarlo en la sangre...

Cuando estaba por terminar, mi educación primaria, mi padre me sorprendió, al plantearme la posibilidad, de estudiar, en un establecimiento de esos que tienen tradición y trayectoria en la capital.  Yo que lo único que quería, era seguir estudiando, en el instituto de la colonia, junto a mis compañeros de tantos años, aquello para mi fue una difícil decisión.

Mis padres pusieron frente a mi un par de posibilidades y no tardo en surgir una tercera, aquella que para mi hermano mayor fue de su predilección, pero debido a su enfermedad, aunque lo intentó, no pudo ingresar y  al poco tiempo falleció.

Fui hacer los exámenes de admisión y los pase. Aún me faltaba el del Hall, el cual no solo planteaba el reto académico, sino también el físico y el mostrar que se tenia la actitud para aspirar. No se, si por aplicado o por suerte, en los tres establecimientos, obtuve la oportunidad de ingresar. No sabía por cuál decidirme, aún que en memoria a mi hermano, mi corazón se inclinaba al Hall. Algunos conocidos y vecinos que habían estudiado un año o un par de años allí, me disuadían, diciéndome que por mi físico y estatura no lograría estar más que unos meses y que realmente, sería casi un milagro si llegara a  fin de año.

Aquellos comentarios me retaron, así que, deje de lado, cualquier otra posibilidad y me abrace con todas mis fuerzas a mi oportunidad de ser hallista.

Todo el que ha estudiado en el Hall, sabe lo implica aquel primer año, es más que un reto, pues a decir verdad, no todos llegan al 1ero de marzo, el día del hallista, día en que se reciben el birrete y la charreteras, distintivos del caballero alumno.

Poniendo todo mi empeño, me las arregle no solo para llegar al fin del año, sino a pasar al siguiente y para mi sorpresa, pese a haber sido testigo de los sacrificios que aquello implica, pues uno se levanta a la 4:30A.M para prepararse y salir a esperar el bus y muchas veces regrese ya casi de noche, ha hacer tareas, a planchar el uniforme, lustrar las botas y pulir las insignias y otra serie de cosas y en oocaciones se tienen actividades los sábados en fin, una exigencia superior a la de los otros establecimientos civiles, mi hermano manifestó su deseo de estudiar en el Hall.

Así que con su propio esfuerzo y dedicación, el también obtuvo la posibilidad de ingresar al instituto e integrarse a la promoción 26, el enfrentó sus propios retos, pues en el instituto no valen recomendaciones, nada te lo regalan todo se gana por el propio esfuerzo.

Años más tarde, mi hermano menor, también tomó el reto de ingresar al instituto, ya para esos años tanto mi hermano como yo, ya no estábamos en el instituto. El tomo los exámenes de admisión y también obtuvo la oportunidad de pertenecer al instituto y se integró a la promoción 32.

Quizás sin pretenderlo, mi hermano mayor sembró esa semilla que floreció en nosotros, ya que fue él, el primero en poner sus ojos en el Hall y de no haber sido por esa enfermedad, es seguro que el se hubiera integrado a las filas de los hijos del honor y la ciencia.
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